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Dieciséis de Marzo de dos mil dieciséis.

Desde España me habían acojonado un poquillo con el tema de la aduana, pero en realidad, no fue nada en comparación con lo que se ve por la tele en los TV Shows. Yo solo tuve que cubrir un papelito en el avión donde prometía no llevar ni planear nada malo contra los Australianos, y listo.

El señor agente que revisó mi pasaporte no me dio ni los buenos días, puso el sello y venga “¡pa dentro maja!”

Estuve un rato largo esperando por las maletas y obviamente me llegué a asustar un poco pensando que no aparecerían, pero sí, lo hicieron, y en “perfecto estado”. Las comillas son por que una de mis maletas justo antes de salir hacia el aeropuerto, en el Hotel de Madrid, no aguantó y se rompió una rueda …

Ahora sí, ya estaba ahí, con la maletas, de camino a la puerta de salida del aeropuerto, esperando a que un señor con polo verde viniera a buscarme.

Allí no aparecía nadie … ¿algo tenía que pasar no? No va a ser siempre todo tal y como lo hemos planeado.

Mi vuelo llegó a tiempo, pero estuve mucho tiempo esperando por las maletas, y el señor de polo verde, Phill o Will se llamaba, ya se había ido. Había mas gente a la que llevar a sus casas supongo, así que un chico del aeropuerto, bien distinto al de Dubai, me vio algo perdida, buscando con la mirada a Phill o Will, el señor del polo verde … y me preguntó si necesitaba ayuda.

Obviamente, la necesitaba. Me dejó su teléfono para llamar a Erica, mi madre adoptiva Aussie. Ella me contestó súper emocionada, con una energía increíble para ser las 6 y pico de la mañana, y me dijo que efectivamente, el señor del polo verde se había largado, pero que volvería en un rato a buscarme.

Mientras hacía tiempo aproveché para escribirle a mi familia y amigos : “Ya estoy en Sydney, todo bien, ya me he puesto las chanclas …”

Me pedí un hot chocolat para desayunar, ya que en el avión nos habían dado especias con algo de comida.

 

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Phill, Will o como se llamase llegó a por mi. Y tal cual como en las pelis, con mi nombre en un cartel, ahí lo vi. Me sentía como si fuese famosa o importante, muy gracioso. El hombre de verde nos llevó a otras tres personas y a mi hacia una furgo muy molongui, y ahí empezó el recorrido hacia mi nueva casa.

Eran las 8 de la mañana, y estaba más despierta que nunca. Lo iba observando todo como si fuese un mono que lo han soltado en medio de una gran ciudad.

No quitaba la vista de la ventana y de la conducción al revés, ¡parecía que se iban a estampar todos! … Pero no, sabían lo que hacían.

No pude ver apenas la ciudad por que fuimos por una autovía, aunque era guay, porque estaba rodeada de verde. Y aunque Galicia también es verde, no tenía nada que ver, la vegetación era totalmente distinta.

Lo mejor fue el recibimiento que Australia me quiso dar. A la Gallega … LLUVIA!

Estaba cayendo una buena tromba de agua, una tormenta de verano alucinante, muchísima humedad, y la sensación que tenía mientras Phill o Will conducía hasta mi nueva casa soy incapaz de escribirla … pero era muy muy guay, entre intriga y emoción.

Después de una hora de viaje con un montón de tráfico, gente conduciendo en sentido contrario, algunos de ellos con cascos puestos (cosa que me dejó ojiplática por no decir jodidamente alucinada) y viendo barrios super guays, palmeras, árboles, coches como los de “Tortuga” en Entourage, ver la lluvia en las antípodas, escuchar hablar inglés a otros pasajeros de la furgo sin apenas entender nada … Ahí estábamos, en Freshwater, en mi nueva casa.

¡QUÉ CASA MÁS CHULA!

Fue lo primero que pensé. Aquí no hay ascensores, no hay portales, hay una casita con jardín y un montón de árboles alrededor.

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La puerta estaba abierta, y Erica estaba esperándome en el salón. Ahí estaba, mi host mum durante mi próximo año en Australia.

La primera impresión fue mejor aun que cuando desde España hicimos skype. Tan solo con su “Hello, how are you?” y un fuerte abrazo, consiguió transmitirme una tranquilidad y una cercanía … jamás podría haber imaginado una bienvenida así de agradable.

Me enseñó la casa, el jardín … hasta lo que había en la nevera, y en ese momento me dijo: “Esta es tu casa ahora” y se fue a trabajar.

Me quedé sola, empecé a deshacer las maletas, “requeteordenar” y limpiar mi habitación … que, por si no lo había dicho hasta ahora, este es un buen momento para contaros que, soy lo más parecido a “Monica” de Friends que podáis llegar a imaginar.

Mi problema es que, una vez que empiezo a limpiar, tengo serias dificultades para frenar, así que … sí, la loca de la mopa se puso a limpiar el primer día, a organizar la casa, limpiar el baño, recoger los juguetes … y bueno, no limpié los cristales por que no sabía todavía donde estaban los demás  productos de limpieza, que si no …

En fin, una vez todo colocadito y a mi gusto (que repelente me siento al releer y escribir todo esto) me pequé la ducha que llevaba dos días deseando darme … ¡por fin!

De nuevo, ahí estaba, “apampanada” observándolo todo, como un niño cuando lo llevan al zoo. Me quedaba mirando por la ventana pensando ” dios mío … ¡ Estoy en Australia !

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Estaba entusiasmada, sin ser consciente al 100% que aquí estaba, que esta etapa ya empezaba, y que ya no había que esperar más.

Era Miércoles a todo esto, primera hora de la mañana, los niños estaban en el cole, mi habitación después de un par de horas estaba lista, y yo no tenía pensado quedarme en casa, así que, cogí las llaves y salí por la puerta.

Mi intención era encontrar Freshwater Beach, la playa que está en mi barrio, la más cercana, pero el intento salió mal, y acabé en Curl Curl, otra playa, bastante mas lejana.

No tengo ni idea de cómo acabé allí, pero perderme y encontrar aquella maravilla fue genial.

 

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Curl Curl Beach.

 

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Aniña perdida en medio de callejuelas entre Freshwater y Curl Curl.

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Palm tree, everywhere.

 

Di un par de paseos alrededor y volví por donde había venido. Primer salida hecha! Los niños volverían en pocas horas y estaba ansiosa por conocerlos,  más nerviosa aún si cabe que de conocer a Erica. Me esperaban dos enanos a los que empezaría a cuidar cada día durante mucho tiempo.

Y ahí están, aparecen por la puerta dos torbellinos. Edward de 5 añitos, jodidamente guapo y con mucho desparpajo, y Charlotte, de tan solo 20 meses, rubísima y a la que dan ganas de comerse a todas a horas.

Venían acompañados de Haley, su babysitter ocasional, rubia también, y de Estados Unidos. Ed vino a darme un abrazo enorme y un beso, pero Charlotte estaba un poco tímida, no sabía muy bien quién era yo y qué hacia en su salón. Lo que no sabían , era que tenia un par de regalos que darles.

Para Ed, un spiderman (pfff … menos mal, no acerté, dí en el clavo, es su favorito) no podría ser mejor. Y para la pequeñaja, un peluche de mini, también le encantó. Vaya respiro.

Después de que los niños se fuesen a la cama a eso de las 6.30 – 7pm, de haber pasado mi primera cena y baño con ellos, Haley y yo estábamos en el sofá, esperando a Erica … Unos trescientos bostezos después, allí seguíamos en el sofá , ( yo intentando hablar un poco, contarle de mi viaje, pero en realidad no le entendía mucho, y tampoco tenía energía)

Erica iba a llegar tarde esa noche, y yo estaba muerta, deseando meterme en cama y descansar después de dos días de viaje, pero quería esperar a que ella llegase. Apareció a eso de las 9 pm, y lo único que pensé fue “Bien, ya me puedo ir  a la cama”. Charlamos un ratito y al sobre.

La primera noche no fue nada mal, la cama es cómoda, la temperatura es más que buena, y solo quiero dormir hasta que me aburra.

Supuestamente esa primera semana no iba a trabajar, simplemente estaría con Haley observando cómo funciona todo … pero en mi segundo día en las antípodas, Erica iba a necesitar mi ayuda.

Había que dejar a Ed en la escuela a las 9am y recogerlo a las 3pm. El problema es que, en la primera noche, cuando ella me pidió este favor, yo solo entendí la segunda parte. La de recogerlo.

Son las 10 y media de la mañana, escucho un ruido en el salón, no entendía cómo y por qué había ruido, si supuestamente estaba yo sola en casa … me acojoné un poco incluso.

Me levanto de la cama, voy al salón, y ahí está, Ed, tirado en el sofá viendo la tele. Le pregunté toda exaltada ¡ Qué estás haciendo aquí!

A lo que responde : “Mamá dijo que tú me llevarías a la escuela hoy” … mi cara, un poema. Nerviosa, era mi segundo día y ya la estaba liando … ¡Dios mío!

Cogí el teléfono y llamé a su madre diciéndole : “Ed está en casa, dice que yo tenía que llevarle al colegio, dios mio … ayer solo entendí que tenía que recogerlo …”

Ella, escarallada de la risa me dijo “Tranquila, no pasa nada, está todo bien, llévalo en cuanto puedas y listo”.

El tan sonado “no worries mate” pude comprobarlo desde el día 1.

Casí en pijama, salí por la puerta de casa con Ed y nos fuimos al cole andando, y empezó a llover. ¡¿Algo más puede pasarme para empezar mi segundo día!? Dios mío, me veía en la calle al día siguiente. Duración de Ana como Aupair en Australia : Ni un día, horas.

Pero no, todo estaba bien, primera anécdota que contar.

Durante esos primeros días, Erica me explicó un poquito como funcionaba su rutina, la de los niños, horarios, hábitos, etc. Y la verdad que todo me pareció sencillo y agradable.

Al día siguiente por la mañana, tenía mi primera cita con los chicos de Grow Pro Experience, y llegar hasta su oficina, fue una de mis primeras odiseas.

Los que me conocen, saben que soy pésima guiándome, ni con los mapas del móvil llego a los sitios (y eso que he sido scout).

Para empezar bien el día, cogí el autobús que no era, me fui hacia otra ruta, intenté explicarle al busero hacia donde quería ir, éste pegó un grito en el bus tal que así : “ Hey mates, could someone help this girl?” Genial, todo el bus mirando a la pardilla Española que se había perdido. Pero una chica muy maja se acercó y me ayudó. Ella iba en la misma dirección que yo, así que genial, me quedé tranquila.

Tuvimos que coger un segundo autobús, y en este, no podías pagar con dinero, necesitabas tener la Opal Card, yo no sabía qué era eso, y le repetía al busero una y otra vez  “¿Pero cuanto cuesta? Yo tengo dinero …”

En Australia el 98% (no es un dato real, me lo acabo de inventar, pero ahí andará) del transporte no se puede pagar con dinero, necesitas la tarjeta Opal. Una tarjeta que consigues en cualquier tienda o kiosko, de manera gratuita y la cual debes recargar.

Pero que no, que no se podía pagar. La Australiana que venía acompañándome me lo pagó. Yo me quedé flipada , sin conocerme de nada, me ayudó y me pagó el autobús … increíble. Hoy me arrepiento de no haberle pedido el teléfono para quedar con ella, tomar algo y darle las gracias.

Gracias a esta chica, llegué a las oficinas de Grow Pro, y como si nos conocíesemos de toda la vida, nos reunimos en una sala, con 3 españoles más (todos gallegos … manda carallo) y una argentina.

Los chicos de Grow Pro, Pablo y el chico Vasco, que no me acuerdo de su nombre,  nos explicaron todo sobre la cuenta bancaria, el seguro médico, el transporte, la escuela … y nos dieron la bienvenida. Nos dijeron que aquellas oficinas podrían ser nuestro lugar donde ir si cualquier cosa nos pasaba, nos inquietaba, o simplemente queríamos hablar en Castellano y hacerles una visitilla.

Al salir de allí, dos Españoles me acompañaron a coger el metro/tren o lo que sea esto,  por primera vez, desde Central Station con dirección a Cirular Quay (Se pronuncia Qui, no me preguntes porqué) para allí coger el Ferry a Manly, y en Manly un bus a Freshwater. Casi nada.

Fue muy guay, por que fui sin rumbo, sin saber que habría en esa parte de la ciudad, y cuando me bajo del tren, me encuentro de frente con la Opera House y el Harbour Bridge.

 

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Aunque el día era gris y estaba lloviendo … al llegar aquí lo olvidé.

Fue increíble, sin quererlo, estaba sola, de vuelta a mi casa, viendo uno de los sitios más famosos de Australia. Fue un momento super guay, sin planearlo … que para rematarlo, mientras esperaba al Ferry, me di una vuelta por el Wharf, entré en un chiringuito y me compré unas patatas fritas. Cuando voy a pagar, veo que hay una nevera con bebidas y dentro hay  “Somersby”  , una sidra que me flipa y que hasta ahora solo podía comprarla en Portugal, en los festivales que vamos en verano como Paredes de Coura o el Optimus Alive.

Me compré una, me dieron una bolsa marrón, de estas que salen en las películas, cuando la gente quiere beber por la calle, de “estranjis” , me sentía un poco estúpida aunque a la vez me hacía mucha gracia con mi bolsa marron bebiendo una sidra … y ahí me di cuenta de que ¡Oh … es verdad , está totalmente prohibido beber en la calle!

 

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Qué malota, jugándomela desde el primer día.

Me subí al ferry y fui en la popa observando como iba dejando atrás la ciudad. Era precioso … jodidamente guay, yo sola en el ferry, al otro lado del mundo, descubriendo lugares de pura chiripa.

 

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Y todo esto lo escribo hoy, casi un mes después de mi llegada.

Y al resto del mundo os lo estoy contando hoy, Domingo 5 de Junio de 2016, y entenderéis el porqué en el próximo post.

Ahí lo dejo.