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Después de 8 meses en Australia, viviendo con mi nueva familia, viéndolos crecer, reír, llorar, caer, jugar … no puedo parar de sonreír cada vez que veo estas imágenes. Mucho más que un trabajo es cuidar a estos dos renacuajos para mi.

Recibir el beso de buenas noches, miles de abrazos y te quieros, hacen que haya merecido la pena viajar al otro lado del mundo.

Ellos me enseñan cada día además de un idioma, otras cosas maravillosas que no se escriben en los curriculum, cosas que se llevan dentro para toda la vida.